El «maracanazo» en la Ciencia Ficción brasileña. Cortometraje.

1950 es un número que, para los que se toman el fútbol demasiado en serio, fue signado por el infortunio del país habitado por los aficionados más enfervorecidos en el mundo: Brasil. A mediados de ese año se celebró la copa mundial de la disciplina y, en la final, el seleccionado brasileño perdió 2 a 1 frente a Uruguay. A ese evento lo llamaron «El Maracanazo» porque ocurrió en el estadio Maracaná. Como si fuera una broma o la construcción de una ucronía (quizá son lo mismo: ambas con un dejo de sonrisa triste cuando resta el silencio posterior a las palabras más letales), las dos potencias que dirimieron el señorío del planeta estaban enclavadas en escasos kilómetros cuadrados del sur del planeta Tierra, justo cinco años después de que terminó la Segunda Guerra Mundial y sus protagonistas no fueron rubios y asiáticos sino negros y mestizos. El chivo expiatorio de esa final fue el portero de Brasil, Moacyr Barbosa, quien al no haber podido evitar que Uruguay convirtiera el segundo gol, fue condenado a un exilio interior que persistió por más de cuatro décadas. Si para la mayoría eso no pasa de ser un atentado al ego nacionalista, para el portero fue el final de una vida plácida, haciendo nacer un crepúsculo que ha causado libros, crónicas, exaltaciones y nostalgias. La perspectiva de la ciencia ficción también se ha valido de esta historia para narrar el viaje de un hombre al pasado, a ese día negro, para advertirle a Moacyr ese gélido Gol y así evitar lo que parece inevitable, de modo que el suspenso de la narración se apoya en saber si se dará o no una ucronía que sólo se insinúa, como ocurre con muchos viajes temporales realizados con el objeto de cambiar el pasado y, por tanto, el presente y el futuro. Este cortometraje fue hecho en 1988, se llama «Barbosa» y es protagonizado por Antonio Fagundes.

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